Las catedrales medievales

El impulso económico que se vive durante la Plena Edad Media traerá consigo una expansión cultural y artística que afectará a la mayor parte de los países europeos. En este contexto se desarrolla el estilo gótico, que tiene en Francia su cuna. El proceso de expansión será rápido, a lo largo del siglo XIII, y afectará especialmente a la Península Ibérica.

El paradigma de la arquitectura gótica es, sin duda, la catedral. Se trata del edificio más identificativo de la vida y del espíritu de la sociedad medieval, al participar en su construcción toda la ciudad. La belleza de las proporciones, la armonía y el equilibrio serán las premisas que definan las construcciones catedralicias.

Los ventanales que horadan sus muros, cerrados por polícromas vidrieras, configuran un espacio lumínico que enlaza con las nuevas teorías espirituales. Tal y como se lee en la Epístola de San Juan: “Dios es luz, con Él no hay oscuridad alguna”. La catedral se transforma así en un microcosmos plagado de simbología, evocando la Jerusalén celestial del fin de los tiempos.

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